Borrachera

Estoy harta de que cada vez que escribas sobre mi tengas la imperiosa necesidad de estar ebrio. Como si no soportaras siquiera la idea de que me siente en el sofá que tenés bien acomodado en el living de tu mente a mirar los cuadros que hay colgados.
Y no digo que no estés en tu derecho de hacerlo. Al diablo con lo que escribas sobre mí, no me interesa. Sin embargo, no tolero la simple idea de que tus recuerdos de mí se vean alterados por la intervención del alcohol.
Aunque ahora que lo pienso, las pocas veces que recordabas las cosas estabas ebrio. Cumpleaños, aniversarios, citas con el dentista. Todo lo gritabas a los cuatro vientos con una botella de malbec en tu mano. Cantabas los acontecimientos con orgullo, como si recordarlos fuera un mérito.
Y decías mi nombre. Nunca sonaba tan ajeno a mí como cuando gritabas mi nombre borracho.

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