Todo me supo a sal.

Hubo regalos y saludos, abrazos y consuelos. Hubo sonrisas y chistes, brindis de festejo. Promesas de reencuentros y fechas equivocadas. Pero todo me supo a sal.
Una bolsa de piedras en un rincón, un cartón de leche y un especie de nido de algodón. Caricias en los acolchados, mordidas en las manos y huellas en mi corazón. Pero todo me supo a sal.
Ojos enrojecidos, maullidos reconocidos y marcas en el sommier. Un canto de feliz cumpleaños, una noche sin dormir y un barrio repleto de panfletos. Pero todo me supo a sal.
Un corazón destrozado, un cumpleaños celebrado, una promesa de bemoles y recuerdos que me corroen.
Las lágrimas cegaron mi visión, solo percibo el teclado y escribo al compás del sonido que hacen las teclas al ser presionadas.
Te fuiste, lo se. Sin intención eso también. Pero vos sos mi mejor regalo y ninguno como vos tendré, chiquita. Espero que vuelvas porque te estoy esperando, para que sientes en mi regazo como el martes pasado, y asi sentarnos juntas a ver videos de Taylor Swift mientras vos ronroneabas contenta al yo tocarte las orejas.
Sami, mi vida, sos un alma tan perfecta y una gatita tan buena. Ojalá pueda abrazarte de nuevo y verte crecer como lo hice hasta ahora. Es lo único que pido, poder verte otra vez sería un sueño cumplido. Acá te extrañamos y sos la felicidad de la casa.
Volve. Universo, por favor, traemela de vuelta porque es como si una parte de mi alma hubiera desaparecido sin darme cuenta.
Feliz cumpleaños a mi. Los diecisiete que tanto anhelé llegaron, pero no quisiera más que volver al sábado.
Porque Sami, mi bebé, hasta que no vuelvas todo me va a saber a sal.

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